
Aterrizamos al planeta en un hangar a las afueras de Mos Eisley. Es el puerto espacial que mas nos interesaba, es el mayor cobijo de contrabandistas, maleantes y caza recompensas. Nadie haría preguntas sobre nosotros y eso me gustaba. En principio teníamos que hacernos pasar por el equipo técnico de unos patrocinadores de un corredor de vainas, lo que no había conseguido aún era descubrir la auténtica misión de Davad en éste planeta. No me interesaba por simple curiosidad. Quería saber como de mal podían ponerse las cosas. Pero el jedi siempre tan dado a hablar resultaba ser un tipo callado cuando se trataba de su misión jedi.
Con nosotros viajaba un pequeño contingente de droides mecánicos que eran los encargados de transportar equipaje y herramientas. Descargamos todo el material en el hangar y en breve apareció un rechoncho gamorreano armado con una enorme hacha acompañando a un twi’lek de porte noble.
Los mecánicos supongo – preguntó el twi’lek –
Aquí estamos! – dijo Davad animado –
Bien. Seguidme por favor.
Miré a Davad y pareció estar de acuerdo, así que sencillamente les seguí. Cargamos el equipaje en un aerodeslizador grande con vistosos carteles publicitarios de una bebida que nos llevó hasta un taller al aire libre cerca del circuito. El equipo que nos había contratado no era demasiado conocido. De hecho creo que era la segunda vez que venía a Tatooine a competir. Probablemente habría renovado a toda la plantilla después del primer experimento. Me preguntaba quién invertía dinero en un equipo destinado a fracasar.
El primer día de trabajo con los mecánicos fue bastante corto, apenas tuve algo que hacer, activé los droides previamente programados y les hice repartirse por la vaina en busca de posibles fallos. Había allí un chico que era un mecánico duro, el chico sabía lo que hacía, se pasaba el día comprobando una y otra vez todos los sistemas y si los droides encontraban algún posible fallo era él quién lo arreglaba. Así que mi trabajo se basaba en la activación y conservación de los droides, ni siquiera tenía que tocar el vehículo. De modo que me fui a la cantina a pasar el rato. El ambiente era peor que en el taller de Deesar. Más mugre, suciedad, alcohol y delincuentes. Pero nadie se metía en los asuntos de los demás. Lo cual estaba bien. Había un grupo de músicos bith tocando en directo. En definitiva, si no fuera por la gente, ese local no estaba del todo mal. Entonces mientras saboreaba una pinta de un licor local sentado en una mesa fue cuando apareció. Se hizo un silencio sepulcral. El primero en entrar fue un caza recompensas del estilo del que nos atacó en Kashyyyk. Dos mercenarios trandoshanos le seguían y finalmente entró ese quarren seguido por tres matones más. Apenas entró que tres mesas se despejaron para que él pudiera sentarse y sus esbirros le vigilaran bien. Se sentó en la mesa del otro lado del local con el jefe de la taberna. Al parecer había deudas pendientes entre uno y otro. Quería parecer indiferente, pero intenté escuchar todo lo que pude de la conversación. Al parecer el camarero tenía una interesante suma de dinero que devolverle al quarren pero no la tenía y pretendía pagarle con un esclavo. El quarren no parecía satisfecho pero el tabernero le comentó algo del esclavo que gustó al quarren y aceptó el canje. Le dio una palmada en la espalda y se marchó con toda su comitiva.
Lo cierto es que tenía interés en saber que tipo de esclavo le había vendido. El dueño de la taberna se fue hacia la parte trasera de la tasca. Menuda coincidencia, allí tenía yo aparcado mi aerodeslizador. Pagué mi trago y salí del local. Como si buscara un vehículo pasé por la zona trasera de la posada y entonces vi al esclavo que acababan de vender. Era una twi’lek turquesa, la verdad es que comprendí la alegría del quarren, son las chicas mas codiciadas de la galaxia. Puede sacarse un valor económico muy interesante vendiendo a una twi’lek. Una vez saciada mi curiosidad volví al hangar.
Allí me encontré con Davad. Al verme me llamó. Me contó que había estado haciendo algunas averiguaciones en Mos Eisley. Fue entonces cuando me puso al día del asunto que nos había traído ahí. Me contó algo sobre unos ancianos de una aldea cercana. Fueron a hablar con el tal Jabba. Nunca mas se les volvió a ver. Entonces no tenía muy claro por que había querido traerme con él. Fue en ese momento cuando me contó su plan para entrar. Quería que programara a uno de los droides mecánicos para dirigirse a la guarida de Jabba y una vez dentro nos consiguiera abrir la puerta. En ese momento yo debería recuperar el droide y podría volver a la nave a esperarlo. No me gustaba el plan, pero no era una idea suicida y si como iba a cobrármelo, acepté.
Tuve al droide listo a los diez minutos. Entonces montamos en un aerodeslizador Davad, NS-5 y yo. Dejamos al droide cebo en la parte trasera del vehículo. Ese Jabba vivía en una fortaleza al otro lado del mar de dunas. Lo de mar de dunas parecía un chiste, pues aunque se trata de un lugar concreto miraras donde miraras había un “mar de dunas” rodeando Mos Eisley. Muy graciosos los lugareños poniendo nombres. Pero como Davad era uno de esos lugareños conocía perfectamente el lugar. De hecho incluso parecía disfrutar con el hecho de ajustar cuentas con el dichoso hutt.
¿Te gusta esto? – le pregunté –
¿Como dices?
Lo del hutt, tienes asuntos personales con él y de hecho tienes ganas de acabar con él, ¿verdad?
No, bueno si tengo asuntos viejos con esa babosa, pero eso no guía mis acciones ahora. Estoy aquí por orden del consejo.
Vale tío, lo que tu digas.
No creí una palabra de lo que me dijo pero almenos sabía que entre esa “babosa” y Davad habían cosas pendientes y más vale estar preparado para éste tipo de cosas.
Tras media hora en esa vieja cafetera aún nos quedaba otra media hora de viaje cuando de repente se oyó un disparo. Impactó en el aerodeslizador. Le dio a uno de los impulsores por que el vehículo se detuvo casi inmediatamente. Davad saltó de su asiento y encendió el sable de luz en el aire. Me ordenó que me cubriera. Se puso en posición de combate mientras salté también de mi asiento y me coloque tras unas rocas, se oyeron tres disparos más que parecían venir desde unas pequeñas montañas que teníamos detrás. Davad usó su sable de luz para desviar los blásters. Se notaba que no era un experto jedi por que apenas había podido desviarlos lo suficiente como para que no le dieran a él.
Son moradores de las arenas, están en aquella colina! – gritó –
Entonces saqué una pistola bláster e intenté cubrirlo disparando hacia el lugar donde se ocultaba nuestro enemigo. Aproveché para correr hasta la base de la pequeña colina que les ofrecía protección. Davad me vio y corrió también hasta mi posición. Yo había comenzado ya a subir por un sendero bláster en mano cuando un par de esas humanoides bestias me flanquearon. Aquéllas cosas iban armadas con un palo metálico con un garfio al extremo. Algún tipo de arma tribal. De repente aquél animal que estaba delante de mí se distrajo por alguna razón. En ese momento apreté el gatillo de mi pistola bláster dejándolo seco en ese mismo instante. Entonces oí el grito de dolor de la bestia que tenía detrás. Al parecer Davad había blandido su sable de luz sobre el que estaba a mi espalda acabando también con su vida. Desde abajo habíamos visto unos cinco individuos y sólo habían muerto dos, así que teníamos que acabar con tres más. Mientras subíamos la colina, Davad tomó la iniciativa, su sable de luz era mucho mas rápido que una pistola bláster. Al llegar a la cima encontramos una reducida llanura desde la que parecían estar apostados los francotiradores. Una vez allí Davad acabó con el primer enemigo que le salió al paso con esa especie de garfio. El último de los que allí estaban salió corriendo colina abajo. Entonces fue cuando caí en la cuenta de que nos faltaba uno de ellos. Eché un vistazo a los alrededores y me di cuenta que una de esas alimañas estaba intentando llevarse nuestro transporte. Miré lo que había quedado de esas bestias en la cima, encontré uno de sus rifles bláster, sin pensármelo dos veces empuñé el rifle apunté a su cabeza y... Ya no había amenaza.
¿A que has disparado? – preguntó Davad –
A diferencia de ti yo preferiría no tener que seguir a pié, así que he tenido que cargarme a esa escoria que pretendía llevarse nuestro vehículo.
Al bajar Davad parecía apenado por haber tenido que acabar con aquéllas cosas.
¿Sientes lástima por estos animales?
No son animales, son moradores de las arenas, son una especie muy poco desarrollada, tribal y sin apenas lenguaje inteligible, son prehistóricos, pero siguen siendo una especie que dentro de un tiempo podrían ser considerados inteligentes.
Si tu lo dices...
Como venía siendo ya habitual no estaba en absoluto de acuerdo con el humano. Su padre debía de ser un animal como éstos y debía de sentir nostalgia. Si no, no lo entiendo. Llegamos al transporte y como era de esperar el vehículo no arrancaba, lo que no me esperaba es que NS-5 se hubiera quedado a arreglarlo mientras nosotros combatíamos a los moradores de las arenas. Fue útil pero preferí conectar mi módulo de datos a NS-5 para arreglar ese punto de su programación. Así que dejé el rifle en la parte trasera y dejé a Davad conducir mientras yo me entretuve eliminando fallos de NS-5. Cuando faltaba poco mas de cinco minutos acabé así que cogí el rifle y lo analicé. Me fijé en que pese a la evidente construcción manual y con herramientas no adecuadas, el armero había logrado una gran precisión en el tiro. Esperaba alguna desviación en el tiro, pero fue muy preciso.
Sorprendente ¿verdad? Un pueblo tan “animal” y tan buenos técnicos, eh – dijo sonriéndome –
– Sin entender la sonrisa – Supongo que deben de haberlo robado a algún granjero local
Que va! Lo fabrican ellos con los desechos de droides y de otras armas, son geniales haciendo este tipo de armamento rudimentario, adoran la precisión. Prefieren que un arma sea mas precisa y poder usarla a más distancia, antes que prestar atención a su refrigeración o su retroceso o su comodidad o incluso su belleza.
Lo miré con incredulidad, pero la verdad es que era interesante saber que era un arma de gran precisión. Me coloqué el arma a la espalda y al poco llegamos a las afueras de una especie de nave semi-enterrada en la arena. Era la entrada a la guarida de Jabba. Tras analizar las variables activamos el droide cebo. Fue directo a la entrada. Nosotros nos colocamos a ambos lados de la puerta a la espera de que abrieran. Una especie de ventanilla metálica se abrió y un largo brazo mecánico con un ojo de droide en el extremo emergió. Analizó el droide que soltó el discursito que tenía preparado. Decía traer un mensaje para lord Jabba. Entonces el brazo retrocedió y se ocultó de nuevo. En breve se levantó el enorme portón Davad se agachó para observar el interior. Al parecer todo iba bien. Se incorporó y tranquilamente se adentró, me señaló el droide y el aerodeslizador. Sin mediar palabra cogí al droide y me disponía a irme cuando de repente... Davad encendió su sable de luz. Un puñado de cerdos enormes armados con grandes y pesadas hachas nos salieron al paso. De un solo golpe noquearon al jedi. Dejé al droide y empecé a correr en dirección al aerodeslizador, notaba a los gamorreanos pisándome los talones, empezaron a sonar disparos bláster por todas partes, estaba a punto de alcanzar el vehículo, cuando oí un grito de esos cerdos. Después... oscuridad...
Cuando abrí los ojos tenía un terrible dolor de cabeza y me ardía la espalda. Parecía como si después de atraparme todos esos cerdos hubieran bailado la danza de la victoria sobre mí.
Tranquilo te pondrás bien – dijo una voz femenina –
– Abrí los ojos – ¿Quién eres?
Liakal Teli, encantada de conocerte...
Ark Dothben.
Encantada Ark. Llámame Lia.
Para mi sorpresa, Lia era la twi’lek que había sido vendida a aquél quarren en la taberna. Pero no le comenté nada. No me parecía útil hablarle de ello.
Te he curado las heridas. ¿Crees que puedes moverte?
Creo que estoy bien, ¿me has curado?
Sí bueno, llamémoslo un don, ¿ok?
Me gusta tu don pues. Pero poco nos servirá estar sanos si planean matarnos aquí.
Tranquilo, tengo un plan para salir de aquí, pero no puedo hacerlo sola. ¿Has entrado con armas?
Sí, armas un pequeño droide y con un jedi también.
¿Un jedi? Bueno, supongo que sí nos será útil. Lo buscaremos, cogeremos las armas de la sala de los guardias de aquí al lado y entonces nos abriremos paso a tiros hasta la salida.
Me parece bien, pero... ¿como piensas salir de la celda?
Eso es cosa mía, ya sabes, mi don.
Entonces aquella twi’lek turquesa apoyó su mano sobre la cerradura y se oyó como se abría. Entonces abrió la puerta y añadió:
¿Me crees ahora?
Vaya si creía en su don. Me incorporé tan rápido como pude mientras me pidió que la siguiera sigilosamente. No estaba como para hacer preguntas así que sencillamente lo hice. Entonces se acercó un gamorreano que estaba dirigiéndose a la sala de los guardias. Nos escondimos al amparo de las esquinas de los pasadizos de los calabozos y Lia alzó la mano en dirección a una de las celdas vacías que nos quedaban en sentido opuesto a nuestro destino, a lo lejos se oyó como algo parecía caer al suelo, el cerdo fue a comprobarlo rápidamente y la twi’lek me indicó que siguiéramos. Fue entonces cuando empecé a pensar en que ésta chica debía de ser algún tipo de jedi. Llegamos a un pequeño almacén donde encontramos el equipo que se nos había arrebatado, tras guardar el equipo de Davad y darme mi parte buscamos la celda del jedi. Fuimos entonces hacia Davad, volviendo a esquivar el paso de uno de los guardias, al llegar Lia apoyó su mano sobre la cerradura pero la puerta estaba abierta. Davad que estaba sentado en el centro de la celda saltó en ese momento dispuesto a atacar pero se detuvo en el último instante al verme tras Lia.
¿Pero cómo...?
Hablemos luego, ahora tenemos que salir de aquí, toma tu sable de luz. – le dijo Lia –
Entonces íbamos a ser una desagradable sorpresa saliendo desde las entrañas de la guarida de Jabba, armados, peligrosos e inesperados. Los calabozos de la guarida de Jabba estaban al fondo de una de las salas adyacentes a la sala central. Davad asomó la cabeza por la entrada. Hizo una señal para entrar, todos a una. Una, dos y...
Davad abrió la puerta de entrada a las celdas usando la fuerza y se lanzó hacia el centro blandiendo el sable de luz, dónde unos cuantos de sus mercenarios estaban concentrados. Con la pistola bláster tumbé a uno de los guardias mas cercanos a la puerta de las celdas y NS-5 al otro. Lia se escabulló entre Davad y yo, avanzó hacia la puerta de salida cuando se cruzó con dos gamorreanos. Disparé al primero, mientras Davad empujó con la fuerza una estatua que cayó sobre el otro gamorreano. Los tres corrimos hacia la puerta que Lia había abierto al adelantarse. Davad nos cubría la retirada bloqueando los disparos de bláster de los demás guardias de Jabba. Llamamos a Davad cuando nos encontramos a salvo y fuimos directos al aerodeslizador que aún estaba en las afueras de su guarida. Davad encendió rápidamente el vehículo y salimos de allí tan rápido como aquella vieja máquina nos estaba permitiendo.
Los guardias que no estaban heridos estaban saliendo de aquél antro de inmundicia y oscuridad montados en speeders y armados con blásters. Entonces es cuando empezamos a ver los primeros disparos bláster rozando nuestro transporte. Miré la parte trasera del aerodeslizador y entonces me acordé. Había recuperado el fusil tusken con las demás armas en los calabozos. Me aposté en la parte trasera del vehículo e intenté disparar a los motores. Tres speeders nos perseguían. Intenté darle al más cercano, apunté y disparé. Fallé. El speeder se movió en el último momento. Recargué y volví a apuntar pero el speeder mas cercano estaba demasiado cerca para apuntarle con el rifle.
¡Demasiado cerca para el rifle! – grité –
Déjamelo a mí – dijo Lia –
Apunté al segundo speeder, esta vez no iba a fallar. Apunté al piloto, disparé, cayó como si fuera de plomo mientras su copiloto se estrellaba contra el suelo. Al recargar vi al primer speeder justo a nuestro lado cuando Lia golpeó claramente con la fuerza el morro del speeder contra el suelo, estrellando el segundo speeder. Al ver nuestra efectividad. El tercer speeder se detuvo dejándonos escapar. Así conseguimos librarnos, al menos por el momento, de los esbirros de Jabba. Davad nos contó que Jabba no era un enemigo de quién se puede uno deshacer fácilmente. Probablemente pondría precio a nuestra cabeza, pero eso era algo a lo que nos tendríamos que enfrentar mas tarde. Hoy habíamos escapado.
El viaje empezó de un modo bastante silencioso, entonces Davad que debía de estar ansioso por recibir las respuestas que se le prometieron en los calabozos empezó a hablar.
Bueno, supongo que ahora podemos hablar un rato – dijo Davad a Lia – Yo soy Davad Kyr, estudiante jedi.
Liakal Teli, esclava recién liberada. Pero llámame Lia.
He sentido la fuerza en ti cuando casi nos atrapa ese speeder.
Si bueno, es cierto. Utilizo la fuerza, pero no soy ni he sido nunca un jedi.
¿Y no te interesaría serlo? – preguntó Davad – Por que podría llevarte al consejo supremo para que te asignaran un maestro y desarrollar tus innatas habilidades. ¿Qué me dices?
Creo que paso. No creo en esa religión. Además no creo que la fuerza, como tú la llamas, controle mi destino.
Así que usaste la fuerza, como yo, para abrir la puerta ¿verdad?
Sí, pero no contaba con que tú también lo harías.
La charla ni me incumbía, ni me interesaba, sin embargo no podía cortarme las orejas. Miré el rifle tusken que tan bien me había ido. Estuve pensando en buscar un buen armero en Coruscant para hacerme con uno. La verdad es que siempre había tenido puntería, pero nunca pensé en un rifle como una opción. Tras las dos horas reglamentarias de viaje, llegamos de nuevo a Mos Eisley, allí volveríamos a ser blanco fácil para granujas y matones de tres al cuarto. Así que decidimos separarnos para no levantar tantas sospechas. Davad se fue con Lia a la nave. Al parecer quería intentar convencerla para que se uniera a la secta de los jedis. Yo por mi parte fui en busca de algún técnico local. Estaba frente a una tienda de repuestos. Podría bien ser lo que buscaba. Entré y vi al quarren que había comprado a Lia hablando con un ser extraño, pequeño y con alas. Éste último me vio entrar y con una estridente forma de hablar me dijo que la tienda estaba cerrada hasta la tarde. Me pareció extraño su comportamiento, pero más me valía la pena irme, no quería sumar a mis problemas, enfrentarme a un posible señor del crimen o alguno de sus mas altos lacayos.
Unos metros mas lejos encontré una armería algo más sofisticada y nueva. Una vez dentro busqué al dependiente. El trandoshano que allí estaba era un tipo amable, quizá demasiado para ser un trandoshano. Le enseñé el rifle y le pregunté por modelos igual de precisos pero más fiables, no quería usar algo fabricado con restos de droides. Me ofreció un modelo algo mas compacto, me comentó que probablemente no tendría tanto alcance, pero que alargaría la vida del rifle considerablemente. Así que una vez de acuerdo en el precio pagué y me llevé el artículo. A diferencia de sistemas mas evolucionados como los planetas del Núcleo, el anillo exterior seguía la ley del más fuerte. No había trámites para obtención de permisos ni nada parecido. Así que le pedí a NS-5 que buscara conexión con la holo red para encontrar información sobre éste tipo de rifles.
Llegué a la nave y Davad y Lia seguían allí, Davad parecía tomarse muy en serio el hecho de tomar a Lia como una aprendiz jedi, asunto con el que Lia no parecía estar muy de acuerdo. Así que para no oír la conversación me fui a mi cabina y estuve analizando el rifle recién adquirido a través del manual que NS-5 había descargado.
Al rato de estar disfrutando con mi nuevo pasatiempo, Davad se acercó y me dijo
Voy a ir a preguntar a la cantina, me han soplado que hay un señor del crimen por ahí, me iría bien que te vinieras para que me cubras.
¿Es necesario? – pregunté –
Sí.
Voy.
Dejé el rifle a medio analizar en mi cabina, le dije a NS-5 que se quedara a vigilar el rifle y para que siguiera descargando información. Además si iban a haber tiros no quería que NS-5 estuviera por ahí, no estaba preparado para defenderse de un disparo bláster, almenos no aún.
Salimos dirección a la cantina. Ya había estado allí, pero no había ido armado y dispuesto a hacer ruido. Lia vino con nosotros. Le vi esconderse un cuchillo en un jubón en la parte trasera de la cintura. Llegamos a la cantina en breve, encontramos que estaba extrañamente vacía. Tan solo estaba el dueño con el quarren. Éste último fue quién más se sorprendió al vernos entrar.
La putita... jajaja... no esperaba volverte a ver por aquí zorra. – dijo con malicia –
Vuelve a insultarme y te meteré esos tentáculos por el esfínter, mierda de bantha – y le escupió –
Vaya vaya, veo que vienes guerrera. Acaso crees que tus dos amigos podrán librarte de mi escolta. ¡A por ellos!
Tres gamorreanos salieron del almacén tras la barra armados con grandes hachas. Davad encendió su sable y saltó sobre la barra cortándole la cabeza al primer cerdo. Yo me puse el rifle en posición y acabé con la vida del segundo. Lia no llevaba mas que un cuchillo, que por supuesto cogió, pero el tercer cerdo verde iba a por ella, estaba a menos de medio metro de clavarle el hacha cuando le hizo volar por los aires con la fuerza, empotrándolo contra la barra noqueando al dueño del bar. El quarren empezó a temblar. Davad le cortó la salida de atrás mientras delante estábamos Lia y yo.
¿Que sabes de los ancianos que vendiste a Jabba? – preguntó Davad –
No se de que me hablas.
Alcé el bláster le disparé en un hombro y le dije
Entonces no nos sirves, te lo preguntaré una última vez, ¿estás seguro que no recuerdas nada?
Los han vendido a un capataz minero de Nar Shaddaa como mano de obra. Un tal Dirdin Chor. ¡No sé nada más!
Suficiente. – sentenció Lia –
Se abalanzó sobre él y le rebanó el cuello. Próxima estación, Nar Shaddaa.
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