De momento me encontraba sentada en una esquina de la zona principal de una nave con dos desconocidos que eran además quienes me ayudaron a salir. Davad, el jedi, estaba meditando al otro lado de la sala, mientras Ark, el técnico, parecía disfrutar desmontando un rifle mientras consultaba no se que en un módulo de datos. Empecé a tener frío. Hacía bastante que estaba en Tatooine y me había empezado a acostumbrar al calor agobiante y de repente me volví a encontrar en el espacio. Aunque esta vez disponía de una cabina para mí... Al poco rato algo pareció inquietar a Davad, se levantó y vino hacia mí.
- Acompáñame por favor – me dijo tendiéndome la mano –
Así que me levanté y le seguí. Sabía que los jedi eran gente respetable, así que no tenía nada que temer. Fuimos a la sala de los motores. Allí la maquinaria aunque ruidosa, generaba una temperatura que me estaba sentando genial.
- Me había parecido que tenías frío.
- Sí un poco. –contesté tímidamente –
- Bueno la verdad es que quería hablarte de algo. – dijo con tono solemne –
- Dispara.
- He visto que eres una usuaria de la fuerza como yo hace apenas medio año...
- Alto, alto... Has venido a convencerme a que me una a los jedi? Por que si es así...
- No, no, nada de eso. He visto que no tienes ninguna intención de ser una jedi. Decisión que aunque no celebro, la respeto. Cada uno es libre de seguir su camino.
- ¿Entonces? – pregunté –
- He visto como has acabado con ese quarren y aunque no quieras seguir la senda de los jedis quiero prevenirte. Dar rienda suelta a tu ira es muy peligroso. El lado oscuro de la fuerza es muy tentador. Pero acabaría por consumirte.
- Tranquilo Davad, no soy una psicópata. – dije con indiferencia –
- La cuestión no es lo que eres, sino lo que el lado oscuro tienta hasta los mas puros.
- Tranquilo hombre. – añadí sonriendo – además, para eso ya estás tu por aquí ¿no? No te preocupes.
- No te molesto más, pero no te lo tomes a la ligera, ¿vale?
- Vale, vale.
Davad no parecía del todo satisfecho, pero tras cerciorarse que estaba bien, me dejó entrar en calor en aquella sala. Sin casi darme cuenta me quedé dormida. No se cuanto tiempo estuvimos navegando hasta que llegamos. Ark me despertó algo bruscamente.
- Ya llegamos.
Se marchó con su “cosa” siguiéndole. Era un tipo extraño éste Ark. Aunque no parecía mala persona era bastante oscuro, como si no quisiera que los demás supiéramos lo que piensa.
Me incorporé y me dirigí a la cabina, dónde Ark y Davad estaban comentando algo. Al parecer hablaban del mejor lugar para empezar a buscar.

- Ése tal Dirdin podría estar en cualquier sitio... – dijo Davad –
- Si es capataz de una de las minas estará en alguno de los complejos adyacentes a las excavaciones, - dije – para poder controlar todo lo que pase. Si hubiera algún problema en su sector tendría que dar explicaciones a algún hutt y eso no le conviene a nadie. – expliqué – Así que el complejo minero es donde deberíamos ir.
Tras mirarme ambos atónitos, cambiaron el rumbo dirección al complejo minero de Nar Shaddaa. Nadie hizo ninguna pregunta. Ark sencillamente se fue a recoger su rifle y a hablar con su “chisme” mientras Davad hablaba con alguna torre de control. Lo que me extrañó porque para la cantidad de contrabandistas que se alojaban allí era extraño que pidieran algún tipo de información al llegar.
Aterrizamos sin mas problemas. Nos dirigimos hacia la compuerta de carga principal y Davad me dijo.
- En cualquier caso, si hay disparos, quédate detrás de mí. Yo puedo cubrirnos a los dos.
No le dije nada, pero no me hacía nada de gracia tener que ir detrás de él como si fuese un perrito. Se abrió la compuerta principal y Ark empezó a bajar cuando de repente saltó hacia dentro y sacó su rifle y le gritó a Davad con voz tensa.
- ¡El caza jedis!
No sabía cómo pero de repente la apacible nave en la que viajábamos se había convertido en nuestra única barrera ante un fuego bláster de un calibre impresionante. Me dirigí hacia atrás a la sala central mientras Ark se cubría entre la nave y la plataforma de embarque. Davad empezó a desviar blásters con su sable de luz como si hubiera nacido haciéndolo, pero a todo esto yo aún no sabía a que demonios nos enfrentábamos. Lo que sí tenía claro es que esta vez un cuchillo no iba a salvarme la vida... Davad estaba algo confuso, no sabía que hacer. Así que reaccioné yo. Me dirigí en búsqueda de las torretas defensivas de la nave. Por muchas tropas que hubiera, un cañonazo de ese calibre acabaría con unos cuantos y nos daría algo de tiempo. Subí por la escalera de acceso y me senté en la silla. Era la primera vez que veía una y mucho menos usarla... Parecía fácil, además si un gamorreano puede hacerlo, yo no iba a ser menos... Entonces cogí los mandos y ¡bingo! El cañón reaccionaba. Bajé las armas hasta el suelo y para mi sorpresa encontré un hangar vacío. Fue entonces cuando vi a ese tipo. Llevaba una mochila a reacción y estaba disparando con dos carabinas láser ¡simultáneamente! Tras mi asombro inicial intenté apuntarle y empecé a disparar. Como no podía ser de otro modo, fallé. Pero el disparo hizo perder el equilibrio en el aire. Ese tipo me miró y se colgó una de las carabinas a la cintura, mientras la otra mano seguía disparando a Davad y Ark preparó algo con la mano libre que me apuntaba. ¡Fuego! ¡Estaba abrasando la cabina con un lanzallamas! Me deslicé dirección la escalera de acceso para volver a la sala central. Ni siquiera pude mirar atrás, casi me tiré por el hueco o eso me pareció por que a los pocos segundos de salir volando de aquella cabina, algo explotó. Caí al suelo empujada por la onda expansiva. Ark se colocó de manera que podía cubrir la entrada de la escalera de acceso. Davad mientras tanto había salido de la nave para acorralarlo.
La verdad es que estaba temblando, apenas había logrado salvar la piel en Tatooine y ya me la estaba volviendo a jugar... Intenté incorporarme lo mas rápido que pude para salir de aquella pesadilla que había llegado sin avisar cuando en el umbral de la compuerta me crucé con Davad que venía al galope y preguntó
- ¿Donde está?
- No ha entrado aquí – Dijo Ark incorporándose pero sin dejar de vigilar lo que quedaba del acceso –
- Pues fuera no está – respondió Davad como si Ark estuviese equivocado –
- Entonces se ha ido.
- Vale, ahora tenemos a ese caza jedis pisándonos los talones y jugando con nosotros... Perfecto... Tengo que hablar con el consejo, seguro que pueden darme alguna ayuda.
- Bueno – dijo Ark mirando el agujero generado por la explosión – Vosotros sed positivos. Yo seré realista. No nos moveremos de aquí en mucho tiempo. Vamos NS-5 – le dijo a su “bola” y se dirigió a su cabina -
- Lia – me dijo Davad – Voy a enviar una transmisión a Coruscant pidiendo consejo. ¿Estas bien?
- Si, si, no te preocupes. Sólo que no estoy acostumbrada a que me lancen detonadores térmicos...
Esbozó una leve sonrisa y se dirigió a la cabina. Yo me acerqué a la mesa (o lo que podía ocupar de ella) y me senté, desplomé mi cabeza sobre mis brazos apoyados y miles de pensamientos comenzaron a cruzar mi mente. Como que cosas habría podido hacer, ¿Por qué siempre tengo que depender de los demás? Debería haber apuntado algo mas bajo o haber hecho prácticas de tiro con asteroides de camino aquí en vez de quedarme dormida... ¡joder! Menuda mierda!
Mientras nadaba en mis pensamientos Davad volvió y me contó que el consejo le había pedido precaución en este sistema, pero que tenía una dirección que podíamos consultar para conseguir los arreglos necesarios. Al parecer el consejo contaba con algunos amigos incluso en el borde exterior. Davad le explicó la situación también a Ark que estaba tumbado en su cabina jugueteando con una herramienta mientras su “cosa” reproducía música. Se incorporó, dejó a su bola flotante a cargo de su cabina y rifle al hombro se dispuso, de nuevo, a bajar de la nave, con Davad y conmigo.
Al salir al hangar de nuevo un pequeño grupo de curiosos se había arremolinado para ver lo que quedaba de la nave, o mas importante, si había algo que saquear. Cómo vieron que los ocupantes salían por su propio pié, rápidamente empezaron a despejar la zona. Lo que denota lo problemática que suele ser la gente que aterriza en éste sistema...
Apenas habíamos cruzado hasta la puerta principal del hangar que ya tuvimos nuestra segunda ración de problemas. Un extravagante grupito de mercenarios del tres al cuarto parecían tener algo que decir.
- Ya podéis sacar vuestra chatarra de donde la habéis aparcado, novatos. – ordeno con firmeza el Duro que parecía ser el líder –
- Pues como no salgas tu a empujar... – añadió Ark irónicamente –
- ¿Me estás poniendo a prueba pelo pincho? – contestó con un tono bastante amenazador –
- Aquí nadie esta poniendo a prueba a nadie – intentó calmar Davad - Mi compañero sólo ha querido decir que nuestra nave no puede moverse ahora mismo. Vamos a repararla y marcharnos de aquí lo antes posible. No hay de que preocuparse...
- ¡Me importan una mierda vuestros problemas! – Le replicó mientras los dos gamorreanos y el trandoshano que le acompañaban parecían ponerse nerviosos – ¡Sacad vuestra PUTA nave de MI hangar! ¿Entiendes?
- Eso no será necesario. – Respondió Davad al tiempo que movió una mano frente al Duro –
- Eh... eh... –acertó a decir nuestro “anfitrión” – Podréis dejar vuestra chatarra pero sólo hasta mañana –dijo mucho mas relajado –
- Muchas gracias. – Contestó Davad a la vez que hacia una ligera reverencia ante la mirada atónita de los gamorreanos –
Tras salir del hangar dejando a los payasos atrás me acerqué a Davad y le pregunté.
- ¿Que demonios ha pasado aquí?
- La fuerza es especialmente influyente en seres de mentalidad débil, como esos cuatro.
- Ha sido uno de esos trucos jedi... Lo suponía.
- Lo cierto es que es algo que tu también puedes aprender. No necesitas entrenamiento jedi para ello, sólo práctica. – Me respondió con una amable sonrisa –
En poco tiempo nos plantamos frente a una auténtica pocilga espacial autóctona, lo mejor de todo fue cuando Davad dijo que de ahí saldrían las piezas que nos sacarían del planeta. Menuda suerte...
De golpe (y nunca mejor dicho) otro tipo raro, trandoshano esta vez, salía despedido desde el interior del taller directamente hacia nuestros pies. Un tipo alto de grandes orejas caídas con alguna que otra cicatriz y cara de pocos amigos salió también del interior del taller, éste blandiendo un vibro machete y caminando parsimoniosamente hacia el primer individuo.
- Como vuelvas a intentar robar te largarás de aquí sin manos! ¿me has oído? – dijo con rotundidad –
El “pobre” trandoshano se levantó tan rápido como pudo y se fue corriendo...
- Buenos días. ¿Que se os ofrece? – dijo el tipo que quedaba en la puerta –
- Estamos buscando a un técnico llamado Bin Botu. Nos han dado ésta dirección. ¿Estamos en el lugar correcto? – dijo Davad con un tono tan afable como fue capaz -
- ¿Para que buscáis al viejo Bin?
- Tenemos una nave en un hangar cerca de aquí que necesita una seria reparación en el casco.
- ¿Y cómo vais a pagar ese tipo de reparación?
- ¿Servirían unos créditos de la república? – dijo haciendo una ligera reverencia al mas puro estilo jedi –
- Bien en ese caso, por favor, pasad. –Nos dijo mientras nos invitaba a entrar en el taller –
Una vez dentro se aseguro de que no hubiera nadie fuera y cerró el local. Es mejor no hablar de temas de la república al alcance de oídos indeseables y Nar Shaddaa es un hervidero de ése tipo de cosas.
Dentro de aquél reducido taller había todo tipo de instrumentos y piezas sueltas aunque las mas valiosas piezas debían de ser las que estaban protegidas bajo un escudo cerca del mostrador dónde un viejo sullstiano estaba trabajando.
- Brakor! – gritó el anciano – Brakor! ¿eres tú?
- Sí Bin, no te preocupes. He traído a unos amigos de la república que necesitan de tus servicios.
- Espera, espera... El técnico que va a repararnos la nave... ¿Está ciego? – dije con incredulidad –
- Ésa no sería la mejor manera de llamarlo... en realidad.. – intentó decir Brakor –
- Vaya, vaya, vaya! Que tenemos aquí – Nos interrumpió Bin – Un droide de fabricación casera mmm. Interesante. Lleva un arma muy bien oculta y además es muy completo. Tiene todavía algunos espacios preparados para futuras ampliaciones de hardware, muy inteligente...
- Gracias. – respondió Ark –
- Lo has hecho tú solo, ¿cuánto tiempo tardaste en diseñarlo?
- Un par de días.
- ¿Sólo un par de días? No esta mal chico...
- Por cierto, volviendo a mi pregunta... – dije – ¿Usted puede ver?
- No puede ver la materia orgánica pues su visión actualmente es muy reducida, apenas distingue formas. Pero gracias a unos implantes es capaz de ver perfectamente cualquier aparato electrónico y no sólo su superficie, es capaz de ver su interior con una precisión asombrosa, lo que le convierte... – volvió a intentar acabar Brakor -
- Me convierte en un viejo con unos ojos muy caros – dijo Bin – Pero vamos a lo que nos interesa... Que os trae por Nar Shaddaa amigos?
- Hemos venido a buscar a unos hombres hechos prisioneros en Tatooine y vendidos como esclavos para trabajar aquí en Nar Shaddaa. El problema es que un caza-recompensas que nos sigue nos ha fulminado el casco con un lanzallamas y un detonador térmico. – explicó Davad –
- Y ahí es donde entra el viejo Bin. – añadió Brakor –
- Bueno, bueno. – dijo el viejo Bin – creo que podré ayudaros joven jedi.
- ¿Pero cómo? – añadió Davad –
- Las armas que cada uno lleva dicen mucho de sí mismo...
Brakor nos acompañó de nuevo al exterior.
Si tenéis que ir a las minas, andaros con cuidado. Últimamente hay una gran cantidad de esclavos trabajando ahí deben estar a punto de abrir una nueva galería o algo, así que habrá bastante seguridad.
- Muchas gracias. – respondió Davad amablemente –
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