
Me llamo Ark Dothben, un Zabrak del sistema Iridonia, de momento aprendo el oficio del especialista técnico. Digamos que soy un programador de droides, pero en cada vez mas sistemas necesitan que lleves un arma encima así que suelo andar con cuidado con quien confío. Hace seis meses me instalé en el sistema capital de la galaxia, Coruscant. Aquí el planeta entero es una ciudad, la tecnología invade incluso los hogares mas humildes en los bajos fondos de los barrios mas pobres. Yo me acabé instalando no muy lejos de esas condiciones de vida. Vivo en el barrio de los artesanos, trabajo para un déspota duro. Deesar Kuha era un genio y un cobarde. Las bandas callejeras le tenían como su surtidor personal de tecnología para motos swoop, armamento mejorado o para droides y equipo para hackear sistemas. Así que no era extraño ver a agentes de seguridad a menudo por la tienda. Pero como Deesar era un cobarde, siempre acababa por delatar a sus clientes. Lo peor de todo es que yo tenía que aguantar sus exigencias y soportar los destrozos de la tienda por parte de las bandas. Lo cierto es que me arrepentí de haber aceptado la invitación de aquél jedi un tal Davad Kyr.
El sueldo de técnico especialista en droides no era tan elevado como a mí me gustaría. Pero no podía aspirar a un alojamiento en la parte alta del barrio en solo seis meses, almenos no hasta el día que vino el jedi. Deesar estaba arreglando no se que tipo de motor nuevo, creo que para algún patrocinador Mon Calamari de carreras de vaina. De repente se oyó la puerta y esa lengua de serpiente suya empezó a sisear cuando el jedi le pregunto por mí.
¿Es aquí donde trabaja Ark Dothben? – preguntó –
En ese momento, dejé un droide en el que estaba trabajando y levanté la cabeza extrañado. Entonces vi a aquél jedi, Davad Kyr.
Vaya, vaya... ¿Vienes a ver la mierda de trabajo que tengo? – dije sarcásticamente –
Hola Ark, ha sido difícil encontrarte.
Me buscabas ¿Por que? ¿Necesitas un droide que te lleve el sable láser? – le dije –
Vamos hombre... no seas así. – dijo mientras se acercaba a mi puesto de trabajo –
Que quieres, tu vives en el templo jedi y vas a ser un caballero, no quieras que sienta lástima por ti.
De hecho vengo a buscarte para ofrecerte un trabajo. – me dijo –
Un trabajo para ¿los jedis?
Bueno sí, se te pagaría bien y quizá podría conseguirte un mejor alojamiento. Si te interesa ven mañana al templo jedi, espérame en la biblioteca.
No prometo nada. – sentencié –
Espero que vengas, tu ayuda me iría bien. Me voy, hasta mañana Ark!
Adiós Davad.
Deesar escuchó casi toda la conversación y estuvo medio día sermonándome sobre la responsabilidad y sobre los contactos que él tenía en la zona alta de la ciudad. La verdad es que no escuché nada de lo que dijo, pero no podía dejar de oírlo. Estuve pensando en la última vez que estuve con ese jedi. Casi pierdo la vida en un planeta al que nunca debí de haber ido. Pero mi único contacto fuera de Iridonia había muerto allí, no podía esperar demasiada ayuda en Coruscant. Quizá debería haber vuelto a casa, pero preferí quedarme allí. Por otro lado, dejar la vida que llevaba en ese momento no era ningún lastre. No había nadie que me importara lo mas mínimo como para sacrificar una buena paga. Además pasarme unos días sin ver a Deesar era algo más que un alivio. Mientras pensaba en todo esto, llegaron unos tipos violentos, como solía pasar a menudo por aquí...
¡¿Tienes lo nuestro cabeza pelada?! – dijo el mas grande –
No... no... no he tenido tiempo, he tenido que ayudar mucho a mi nuevo ayudante y no he podido terminar lo vuestro...
¡No nos mientas cabezón! ¡Ese tipo estaba ahí la última vez que vinimos! – dijo otro –
Si mañana por la noche no tenemos nuestro motor lo pagarás caro cerebrito, ¡tu y tu maldita tienda! ¡Con lo que haya dentro!
Al parecer lo que éstos tipos buscaban era un prototipo de motor con un turbo especialmente compacto que Deesar les prometió para la semana pasada. Estaba temiéndome una situación así desde hacía cinco días. Esto iba a significar que esta noche Deesar me iba a querer tener trabajando toda la noche. De repente lo vi claro. Esperé un tiempo prudencial a que los muchachos locos del motor se fueran y cuando Deesar estaba a punto de echarme la bronca por no haberle ayudado con su motor.
Adiós Deesar, suerte con tu motor.
No! ¡Ark no puedes irte ahora! Si mañana no tengo el motor listo me destrozarán la tienda y esta vez irán a por mí seguro. ¡No puedo fallarles!
Contrata a alguien.
Salí del local de Deesar y estuve oyéndole durante un buen rato mientras me iba a mi apartamento, fui a recoger mis cosas, mañana estaría en el templo jedi, tan pronto como pudiera, si el jedi prometía buena paga y mejor alojamiento, ¿no estaba prohibido mentir para un jedi? Tenía que comprobarlo.
Cuando me levanté aquella mañana desde la ventana podía ver la tienda de Deesar. Estaba cerrada. Quizá había estado trabajando toda la noche o quizá había hecho las maletas. En cualquier caso, me daba igual. Para no parecer demasiado necesitado no quería darle al jedi el placer de verme en el templo a primera hora de la mañana. Así que me pasé toda la mañana acabando mi pequeño droide personal. Era una esfera que flotaba en el aire que no podía hablar, era como una unidad R2 voladora. Le añadí la posibilidad de conectarse a las tomas estándar de datos para droides. Pero esa era solo una función, que aunque útil, era secundaria. Le incorporé alguna sorpresita para posibles enemigos además de la posibilidad de llevar un bláster ligero oculto. Hacía ya un par de semanas que lo tenía terminado, pero estuve demasiado ocupado para ajustar su puntería. Así que traje unas cuantas cajas de plastiacero vacías y tras indicarle cuales eran los objetivos, las lancé al aire. Las fulminó todas a la primera. Todo un éxito. Como estuvo terminado y me empezaba a aburrir, decidí irme al templo con mi nuevo compañero NS-5. Que así lo bauticé.
Fui en búsqueda del bus que me llevaría al templo. Me extrañó ver que el vehículo parecía ser de otra compañía al habitual, pero no le di más importancia. Me senté en el rincón mas alejado que encontré para pasar lo bastante desapercibido. Incluso cogí a NS-5 para mayor seguridad, ver un droide flotante acompañando a alguien es cuanto menos, curioso y yo no quería curiosos a mi alrededor. En relativamente poco tiempo llegué al templo. Estaba precedido por unas majestuosas escaleras que parecían decir “Somos los mejores y lo sabemos” No podía entender como alguien podía ser tan hipócrita, sus miembros se abanderan en el hecho de ser los guardianes de la verdad y extender ideas de humildad y bondad, sin embargo ellos son pomposos y soberbios.
Intentando no pensar mucho en ello, subí las escaleras con NS-5 flotando a mi lado, justo detrás de mí. Al llegar algo parecido a una recepción. Allí pregunté por la biblioteca, cuando de repente una mano se posó en mi hombro.
¡Llegas antes de lo que esperaba! – dijo Davad –
Me aburría en casa. Demasiados lujos, quería ver la chabola en la que vives.
- Davad se rió – Bueno a lo que íbamos. Supongo que querrás saber de lo que se trata ¿verdad?
Sería interesante.
Entonces Davad me guió hasta una sala que parecía ser algún tipo de aula de estudio que se encontraba vacía. Al acomodarnos me empezó a explicar en que iba a consistir la misión. Me dijo algo sobre una perturbación en la fuerza o algo así. Ese tipo de cosas me aburrían, pero a diferencia de a Deesar a éste tenía que escucharle. Dicha perturbación parecía venir de su planeta natal Tatooine, un planeta arenoso, soleado y seco, incapaz de hacer crecer vida mas evolucionada que un matojo, o eso me pareció por lo que me contó. Una vez allí tendríamos que infiltrarnos en un grupo de mecánicos de un equipo de vainas local. Al parecer estaba todo listo. El piloto ya estaba contratado, sólo necesitaban alguien capaz de manejar y entender los droides mecánicos, en resumen, un manitas. Ése parecía ser yo. Tras esa pobre explicación le pregunté sobre mis honorarios y su promesa. Me contó que no habría problema en conseguir un apartamento en la zona alta del barrio de los artesanos y si además demostraba ser buen técnico podría hacerse con un buen trabajo para mí. Los incentivos estaban claros, pero los objetivos no tanto. Pero ya no me permitió entrar en ése tema. “Asuntos del consejo” al parecer, ya podíamos añadir el secretismo a su lista de cualidades...
Quedando pues de acuerdo, se excusó diciendo que debía ir a ver a su maestro de esgrima, un tal Ki-Adi-Mundi, al parecer es un gran maestro jedi, sinceramente me parecen todos iguales. Así pues tenía hasta la tarde para hacer lo que quisiera. Aproveché el tiempo para buscar una terminal conectada a la holo-red. Conecté mi módulo de datos para buscar información sobre ese planeta, Tatooine. Encontré cosas interesantes sobre la fauna autóctona y otros seres no tan “fauna” pero igual de autóctonos. En cualquier caso era información muy interesante que clasifiqué como peligrosos o inofensivos para añadirlos a la base de datos de NS-5. Quería tenerlo preparado para cualquier eventualidad. Sea como fuere sabía que éste viaje iba a ser desagradable, por el clima, lo que nos encontráramos o la misión. Pero si iba a significar un mejor trabajo y un buen apartamento en la zona alta del barrio de los artesanos, no era una mala opción.
A media tarde salí del aula del templo dónde me había conectado a la holo-red y busqué una tasca o cantina donde gastar mi tiempo, pero al parecer mi destino tenía otros planes. Estando a pocos metros del templo noté un bláster en mi espalda y una voz gastada me dijo
Camina si no quieres convertirte en polvo.
Claro, lo que tu digas. Pero cuidado no te polvoricen a ti.
Entonces durante un segundo mi atacante dudó y me lancé al suelo mientras indicaba a NS-5 que atacara. El pobre infeliz no se dio cuenta, hasta que fue demasiado tarde. Tuve suerte de sobrevivir, pero ahora debería explicar este entuerto. Mucha gente me había visto, así que no valía la pena huir. De hecho en breve llegaron las fuerzas del orden.
¿Que ha pasado aquí joven? – preguntó el agente –
Pues verá señor... – empecé a decir –
Asuntos de los jedi señor agente. No se preocupe, por favor. – dijo Davad –
Bueno, la próxima vez intenten no armar éste escándalo... Si me disculpan. – dijo mientras se iba –
¿Davad...? ¿Que haces aquí?
Bueno, salí a buscarte y entonces vi a ése Sullstiano amenazarte y como esa... bola
NS-5
Pues NS-5, le pulverizó, como me imaginaba que pasaría, me acerqué a evitarte problemas.
Me gustara o no, me había librado de dar un montón de explicaciones innecesarias y muy probablemente de acabar retenido por un corto período en alguna comisaría. Davad me comentó que ya podíamos ir a nuestro destino. Una nave del templo iba a llevarnos. Al parecer la experiencia de la última misión que compartimos no le gustó y ahora viajaba en preferente...
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